lunes, 16 de marzo de 2009

De Virrey a Monje

(Óleo, Biblioteca Luis Ángel Arango)

De Virrey a Monje

Queda claro que el Virrey Solís dejó descendencia pero el 28 de febrero de 1761 decidió ingresar en el Convento de San Francisco con el nombre de Fray Jesús de José María, luego de contemplar la visión de su propio entierro. Con los franciscanos había desarrollado una mutua influencia pues estuvieron interesados desde su virreinato en penetrar en el adoctrinamiento de los nativos Chocoes y Emberá de Urabá y Darién.

El Virrey Solís era hijo del Duque de Montellano, José Solís y Gante, Condeduque de Olivares, Marqués de Castelnovo, Conde de Saldueña, al servicio de los Borgias de España y de los Borjas Hispanos. Su madre fue la Marquesa de Castelnovo y Ponds, Josefa Folch de Cardona y Belvis, al servicio del Duque de Olivares en Murcia; y su abuela, Luisa de Gante y Sarmiento, era camarera de María Borbón. El Virrey Solís murió en Bogotá el viernes 27 de abril de 1770, a sus 54 de edad. De neumonía por atender descalzo y desabrigado a los enfermos. enfermos de sarampión

En las selvas de Usme

María Lugarda ingresó al convento de Las Clarisas el sábado 22 de junio de 1758 donde no se amañó mucho y al salir, el Virrey que reemplazó a José Solís, Mesía de la Zerda, la desterró a las selvas de Usme en 1764, prohibiéndole que volviera a Santafé de Bogotá a contonear sus atractivos de mulata.

En la estancia de Yomasa, en su finca su finca 'Las Marías`, María Lugarda cuidaba ganado vacuno y ovejas. La Marichuela murió nueve años después de que muriera el Virrey Solís, el hombre que amara con tanta intensidad, y con quién marcó una época histórica en la sociedad timorata de la vieja corte de Santafé de Bogotá.


Me imagino a la oligarquía mojigata de entonces escandalizada por el encuentro de los amantes sin freno; imaginemos las bendiciones y exorcismos para alejar al demonio del amor de la cama del Virrey hasta el grado de la excomunión como lo harían después con nuestra tatarabuela Heloisa por cantar y actuar en la iglesia de la Candelaria en Medellín, actuación reservada exclusivamente a los hombres.

El río de las hojas de bijao

Quiero remontarme por Urabá para detallar como allí los nativos Emberá le colaboraban al bachiller Guzmán en establecer los pueblos como centros mineros y de comercio. Santiago, San Pedro, San Juan de Negua fueron los más destacados.
En 1711 se fundó el pueblo colonial de Murrí con el objeto de concentrar a las étnias desplazadas o procedentes de Quibdó, Beberá, Tadó, y Yoró (íoro) este último forma una punta de tierra entre el río Andágueda y el río Atrato. Para esa época se fundaron también Pauarandó a orillas del río de las aguas azules; Apogadó (río de Iguanas), Napipí y Cupica (en el Chocó).
Por eso cuando el colonizador Francisco Martínez, vecino de Quibdó, fue en búsqueda de los Emberá de Baudó para congregarlos en el pueblo, ya encontró poblados en 1750.

Don Marcos de la Peña, un nativo de las Islas Canarias, penetró en Urabá durante la misma época y tuvo tanto tacto ideológico sobre los nativos que llegó a ser considerado su Cacique principal. Peña estableció correspondencia con el Virrey José Solís, interesado en adoctrinar a los indios de Citará, Darién y Urabá.

El Virrey Solís funda un pueblo

El Virrey Solís ordenó al gobernador de la provincia del Chocó, Francisco Martínez, para que en compañía de Fray Pedro Salazar se adentraran por el río de las hojas de bijao, el Murindó, y en el lugar cercano al que ocupa hoy fundaron el poblado de San Bartolomé de Murindó, en Octubre 1 de 1759, con el respaldo del Cacique Marcos Tanna que sin duda debe ser el mismo Peña que mencionamos antes.

El Virrey Solís encargó a los misioneros franciscanos bajo la tutela de Fray Ignacio Molano del adoctrinamiento de los indios Kuna. Para la región fue asignado de inmediato el padre Florentino Gandia. Recordemos una vez más como el Virrey Solís ingresó a la Orden Tercera en el Convento de San Francisco en Santafé de Bogotá, donde su cráneo reposa en una urna de la Iglesia, con la siguiente inscripción en el frontal:

“Entre las pompas viví.
Del mundo que al fin dejé;
Sólo el sayal que vestí
me queda, y las galas que
a Cristo en sus pobres dí”.

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